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La Era De La Posverdad

La era de la posverdad

FRANCISCO JOSÉ MARTÍNEZ LÓPEZ

Catedrático de la Universidad de Huelva. Academia Iberoamericana de La Rábida

 

Los problemas del mundo se hacen cada vez más complejos y la simplicidad que pensábamos que las nuevas tecnologías iban a traernos ha resultado una falacia. Estamos en una nueva era a la que llamamos de la información, pues es el principal recurso con el que contamos. Incluso en términos económicos, el 85% de la población activa en el mundo trabaja sólo con información.

Pues bien, por el uso y abuso de la información nos llega un problema al que de momento no somos capaces de poner solución. Nos referimos a la posverdad, palabra que ha tenido el honor de ser la elegida palabra del año por el Diccionario Oxford por su tremenda importancia y actualidad.

¿Y qué es la posverdad? Se trata de un concepto difícil de definir, pues se refiere a la emisión de información falsa o al menos no contrastada con el objeto de influir en el comportamiento de las personas que consumen dicha información. Se apela a emociones sin importar los argumentos o la veracidad de lo que se dice.

Nos encontramos ante un problema filosófico, Platón ya dijo en su mítico mito de la caverna que la verdad no depende de nuestras opiniones, que es un bien superior que siempre existe, aunque la posverdad hace que ya no tengamos una idea tan clara de lo que es verdad y no lo es.

El mundo de la información en general y el periodístico en particular han venido a lo largo de los tiempos transitando en el filo de la navaja sobre lo que es cierto y lo que es opinable o influenciable en los lectores, si bien, gracias a la deontología periodística se respetaban ciertos límites intentado contrastar la verdad de la información o matizándola cuando no se estaba seguro. Al pasar la difusión de la información a ser un autoservicio en que todos pueden poner y coger información a través sobre todo de las redes sociales, ya no hay quien discrimina la calidad de la información y todo es posible y factible.

Ahora echamos de menos la importancia de los periodistas como tamizadores de la calidad de la información, ahora ésta se ha convertido a veces en una droga. Es más, en una droga adulterada que tiene como objetivo fundamental extremar las emociones y provocar comportamientos que con la simple verdad no se producirían.

Pero este no es el problema, las personas siempre han contado «chismes» ciertos unas veces y otras no, lo realmente importante es que esa transmisión de la información falsa se está convirtiendo en un arma letal para el mundo civilizado.

¿Cómo decidir en las votaciones democráticas si la información sobre la que tomar decisiones está adulterada? Esto han pensado aquellos que quieren aprovechar el río revuelto de las conspiraciones y utilizar la posverdad para horadar a personas, empresas, países y todo lo que se quiera alterar.

El nuevo terrorismo es el de la información, ahora los activistas que delinquen sólo tienen que lanzar mentiras a la red y esperar a que la gente, que aún no está preparada discernir ciertos contenidos, se las crea.

Ya no hace falta ni siquiera decir «miente que algo queda», hoy se falsea, pues seguro que alguien se lo cree a pie juntillas. Todo el día tomamos decisiones y lo hacemos según la información que tenemos, si esta no es veraz podemos equivocarnos gravemente. Así piensan los regímenes políticos que quieren utilizar la guerra de la de la información con el arma de la posverdad. Rusia o Corea del Norte han decidido interactuar en el mundo occidental y alterarlo adulterando su principal bien de consumo, la información. Los nuevos terroristas solo necesitan un ordenador y abrirse miles de cuentas en redes sociales.

Y que nos creemos todo. Hace unos días Hillary Clinton se quejaba amargamente de que habían bombardeado a millones de votantes demócratas días antes de las elecciones, no para que votaran al candidato republicano, sino para que no fueran a votar a una señora que con su jefe de gabinete se dedicaban «a secuestrar y vender niños» y decía no entender cómo la gente se ha podido creer esas patrañas tan escandalosas como falsas. Por eso, instituciones como las Academias son cada vez más necesarias, pues en ellas las opiniones y discursos se contestan para contrastar lo dicho y matizarlo en aras de la mayor veracidad.

Y lo peor está por llegar, a mí al menos es lo que más me preocupa, pues existen centenares de miles de perfiles falsos en redes sociales que dan información falsa para confundirnos. Y el problema se agrava pues ahora son máquinas, robots, los que están enviando esa información falsa en función de nuestros sentimientos. Por ejemplo, si yo doy me gusta cada vez que veo un perro, me mandan que tal político o empresa maltrata a dichos animales con fotos e información falsas. Estamos iniciando una guerra en la que las hombres y máquinas nos van a engañar con la posverdad y la democracia ya está en un serio peligro, basta ver sus resultados cada vez más extravagantes.

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