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Un Sistema Complejo Adaptativo

Un sistema complejo adaptativo

MANUEL ENRIQUE FIGUEROA C.

Profesor de la Universidad de Sevilla. Académico de número de la Academia Iberoamericana de La Rábida

E

n algún momento del desarrollo cultural humano se inició el desplazamiento del centro de gravedad rural, una vez consolidado el fenómeno de la domesticación, estudiado actualmente por Enrique Figueroa-Luque, clave en la evolución humana, a un nuevo centro de gravedad, el urbano; y esta tendencia ha proseguido a lo largo de los siglos con sus luces y sus sombras, de acuerdo con el análisis desarrollado por Jared Diamond. Hoy más que nunca, por la complejidad de los problemas que vivimos en un espacio globalizado, debemos reflexionar sobre nuestro modo de vida, nuestros marcos relacionales a escalas diferentes y sobre nuestro modelo de crecimiento urbano: la vida en la ciudad se vuelve compleja y, a veces, los hechos externos a ellas (crisis económicas globales, terrorismo, medidas económicas ajenas al gobierno de la ciudad) nos influyen en nuestra propia vida urbana, haciéndola más oscura e incierta. Las ciudades tienen problemas: personas sin hogar, pobreza, migrantes, drogas, desahucios, desigualdades entre barrios, mala calidad del aire, falta de espacios adecuados para la convivencia, carencias reales en la gobernanza de la ciudad, y mucha infelicidad. Pero hay caminos de solución, hay espacio para la esperanza. La vida cotidiana de la ciudad tiene mucha grandeza que depende de todos en un marco sociológico común donde desarrollar una sociología urbana natural cargada de humanidad, según el sociólogo y urbanista Jesús Ibáñez. La ciudad necesita hoy más que nunca zonas peatonales, es decir, espacios donde el peatón, la persona, es el verdadero protagonista, lugares de convivencia donde desarrollar humanidad en un marco saludable física y psíquicamente, que nos conduzca a la verdadera salud social de la ciudad alejados de la anomía, el desencuentro, el aislamiento y la soledad. Por otro lado, debe existir una conexión real entre poder municipal y ciudadanía, y por ende debe surgir la homeostasis o control de la ciudad como sistema, es decir, su buen funcionamiento independientemente, en lo posible, de perturbaciones externas, y también internas, que quedan absorbidas por la conexión del sistema en su conjunto. El control de perturbaciones externas no siempre es posible, y puede exceder al gobierno municipal, del que no depende una crisis económica, ni una oleada de migrantes, ni el problema demográfico, ni un ataque terrorista. Estas cuestiones tienen origen más arriba de la ciudad y deben ser solucionadas en su lugar correspondiente para que no repercutan en la vida de la ciudad. Luis Miquel Suárez-Inclán nos dice que la ciudad mediterránea es el espacio lógico, habitable, ecológico, solidario, equitativo y justo. Vivimos en un mundo incierto con cuestiones difícilmente predecibles. Es a lo que nos ha llevado la globalización infame que vivimos y la ambición desmedida de algunos, sin control por parte de quienes deberían velar por nuestro bien común. Todo ello repercute en la vida en la ciudad. Pero podemos concebir la ciudad como un sistema ecológico y social complejo adaptativo con capacidad de autoorganización. La emergencia, concepto clave para delimitar la complejidad de un sistema, se puede describir de forma coloquial con la frase «la acción del conjunto es más que la suma de las acciones de las partes que lo integran». Es decir, la ciudad debe ser gobernada por sus habitantes. Necesitamos políticos inteligentes, honestos, con buen apoyo científico y técnico, éticos, buenos gestores, que conozcan la ciudad, es cierto, resulta imprescindible, pero necesitamos un modelo de gobernanza innovadora, acorde con los tiempos, que permita desarrollar la ciudad como sistema complejo adaptativo; es la única salida hoy. Un lugar de lugares que pretende recuperar la sostenibilidad perdida, que procura la mejora de la calidad de vida (salud, trabajo, bienestar, encuentro con la Naturaleza, socialización y cultura) para todos, y que ofrece gozos y procura afectos. La estructuración de la ciudad en ecobarrios, la unidad ecológica, social y saludable para la ciudad, en el marco de un modelo de ciudad saludable y biofílica, de acuerdo con Teresa Figueroa-Luque, en una comprensión de la ciudad y la vida urbana como sistema complejo adaptativo, en un marco de gobernanza activa e innovadora, pienso que puede constituir la única salida para los problemas urbanos que tenemos planteados y para los que posiblemente vendrán en el futuro asociados a diferentes tipos de incertidumbres. Aún hay tiempo y hay soluciones para conseguir esas ciudades vivibles y vividas, humanas, sociales, ecológicas, que necesitamos, pero hay que actuar ya, hay ciudadanos que sufren cada día un mundo injusto y están muy cerca nuestra.

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