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Alegraos Y Regocijaos, Una Llamada A La Santidad En El Mundo Actual

Alegraos y regocijaos, una llamada a la santidad en el mundo actual

M. ENRIQUE FIGUEROA CLEMENTE

Profesor de la Universidad de Sevilla. Académico de número de la Academia Iberoamericana de La Rábida

 

E

l Papa Francisco llama a la santidad en el mundo actual en la Exhortación Apostólica Gaudete et Exsulate Alegraos y Regocijaos, un mensaje con base evangélica (Mateos 5, 12). Nos dice el Papa que el Señor «nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada». Nos manifiesta el Papa que «Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades». El Seños «nos eligió para que fuésemos santos». La Iglesia, a través de sus santos, nos ha realizado una llamada continua a la santidad en el quehacer diario. El Papa Francisco nos trae este mensaje de nuevo, de forma intensa, renovada y contextualizada a la realidad mundial actual, en un momento crucial del mundo, de la sociedad y el planeta; que incluye la realidad de España sin duda y sus desequilibrios sociales muy lacerantes para una cantidad en aumento de la población. Una llamada es necesaria y universal a la santidad en un mundo lleno de contrariedades, desajustes, injusticias, descartes, guerras, opresión,….con consecuencias que vemos a diario, en un marco local y global. El mensaje de Jesús es claro: alegraos y regocijaos dice Jesús a los que son perseguidos o humillados por su causa. La causa de Dios es la justicia, la paz, la fraternidad, la bondad universal y alcanzar el Reino de los Cielos. Dios creó el mundo, al ser humano, al resto de las especies, a la sociedad, ¿cómo puede haber personas y sociedades que atenten contra la Creación de Dios? Quien no facilita la paz y la justicia social, y la conservación del planeta y sus criaturas esta pecando. El Papa Francisco dice: «Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo: en esta constancia veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros». Esta santidad de la vida corriente es la que hay que llevar a la práctica en cada lugar y con ello, con esta santidad militante por la justicia tratar de construir una sociedad mejor. No podemos deslindar la religión, nuestras profundas convicciones religiosas, de la actividad diaria.

El Papa Francisco llama al encuentro con los otros en un mundo de profundos desencuentros: «No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio”. El encuentro con los otros, lo contrario al desapego y al desencuentro social, no implica la ausencia de nuestros momentos de quietud interior, necesaria para buscar lo mejor de nosotros, si expresa el papa Francisco, refiriéndose al amor a un silencio que excluye al otro: «Esto no implica despreciar los momentos de quietud, soledad y silencio ante Dios. Al contrario. Porque las constantes novedades de los recursos tecnológicos, el atractivo de los viajes, las innumerables ofertas para el consumo, a veces no dejan espacios vacíos donde resuene la voz de Dios. Todo se llena de palabras, de disfrutes epidérmicos y de ruidos con una velocidad siempre mayor. Allí  no reina la alegría sino la insatisfacción de quien no sabe para qué vive». Vivimos una sociedad del miedo líquido como dice Zygmunt Bauman, inmersos en una modernidad líquida donde se desvanece lo sólido y las instituciones, por la precariedad, la angustia, la celeridad de los acontecimientos en un marco dinámico extenuante, con una marcada tendencia al aislamiento que no genera sociedad. La santidad a la que nos llama el Papa es una santidad militante en un mundo real que hay que cambiar más pronto que tarde. El desafío es vivir la propia entrega individual y social de tal forma que «los esfuerzos tengan un sentido evangélico y nos identifiquen más y más con Jesucristo». Identificarse con Jesús de Nazaret es alinearse con la justicia, la paz y el amor, no hay otra interpretación en el plano humano. Algunos de los últimos documentos del papa Francisco nos habla de diferentes formas de espiritualidad, conviene recordarlos, ya que para algunos la espiritualidad es un invento de otras religiones, ignorando con ello la espiritualidad evangélica, de gran contenido humano y trascendente, cuestión que habría que analizar por qué ocurre. Así dice el Papa, en la Exhortación que comentamos: «En Evangelii gaudium quise concluir con una espiritualidad de la misión, en Laudato si’ con una espiritualidad ecológica y en Amoris laetitia con una espiritualidad de la vida familiar. Tenemos un camino, aplicable a todos los ámbitos de la vida, y os lo indica el Papa Francisco: «el desarrollo de lo bueno, la maduración espiritual y el crecimiento del amor son el mejor contrapeso ante el mal».

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