VI PREMIO ACADEMIA IBEROAMERICANA DE LA RÁBIDA SEMBLANZA DE JARCHA

Por Publicado el: 27/04/2026

Estamos reunidos aquí, hoy veinte de marzo de dos mil veintiséis, para homenajear a Jarcha, un grupo que nació queriendo hacer música cercana a nuestra tierra y sus problemas llegando al mayor número de personas, rescatando canciones de nuestro folklore y textos de poetas comprometidos, pero que acabó siendo voz de nuestras banderas y catalizador de sentimientos, reivindicaciones y sueños de la mayoría de nosotros. 

Por eso, esta semblanza no será una biografía, será la crónica de una ilusionante y, por qué no decirlo, incierta etapa de nuestra historia, de nuestra vida. 

Creo que en cada uno de nosotros hay algún recuerdo, alguna emoción, que está vinculado a una canción de Jarcha que, aún hoy, nos sirve de refugio, de válvula de escape para expresar nuestras incertidumbres o alimentar nuestras esperanzas.

En mayor o menor medida, forman parte de nuestras vidas y a la mía llegan cuando desde Zafiro, su casa de discos en Madrid, me cuentan que Pablo Herrero y José Luis Armenteros, fundadores en los años 60 del grupo Los Relámpagos, y dos de las mentes más productivas de la música española, se habían fijado en ellos, conscientes del potencial de estos jóvenes que habían ganado en Huelva un concurso de músicos noveles convocado por Radio Popular dirigida entonces por el sacerdote José María RoldánManolo Lombao, relaciones públicas de la casa de discos buscaba nuevos fichajes y se pone en manos de la emisora para que se los presente. 

Era el año 1973 y, acompañados por Vicente Quiroga, subdirector de la emisora, van a Sevilla a hacer en un estudio una audición, que superan a plena satisfacción y les permite firmar el contrato para grabar su primer disco con Zafiro, en Madrid. Así nace oficial y discográficamente Jarcha, pero tenían una prehistoria… 

A principios de los años 70, en 1972, en el Colegio Menor Santa María de la Rábida, (allí en la Morana, en la calle Marchena Colombo), Antonio Ángel Ligero coincide con Ángel Corpa, oriundo de Barajas de Melo (Cuenca), que era educador en el centro, y ya rescataba temas recuperados de nuestro folklore popular, componía sus propias canciones o musicaba poemas, involucrando a varios jóvenes con los que comienzan a preparar canciones y actuaciones. Antonio Ángel, procedente de Puente Genil (Córdoba), crea también unos coros en este Colegio Menor y en el Madre de Dios (actual Funcadia), y llega a fundar y dirigir la Coral Santa María de la Rábida… Ambos compartían su pasión por la música popular. 

En aquella época, antes de ser apoyados por Radio Popular, que incluso les ofrece sus estudios para ensayar, tenían la ayuda de la Obra Social de la Caja de Ahorros de Huelva que les patrocinó varias actuaciones, incluso en la Plaza de las Monjas y por pueblos de la provincia, pero sin que hicieran planes para profesionalizarse, usan para ensayar los locales de los que podrían disponer, entre ellos, el de una vieja discoteca en la calle Fernando El Católico, o una casa vacía en el barrio de Isla Chica frente al bar Las Columnas, que cuentan que había sido una heladería en la que la luz y el agua son “cogidas prestadas” de la casa de al lado.  

Durante unos meses aquellos jóvenes se presentan como el grupo ESCORPIÓN y eran, además de Ángel Corpa y Antonio Ángel Ligero, Rafael Castizo, Maribel Martín, Lola Bon, Crisanto Martín, y Gabi Travé. 

El nombre de JARCHA llegaría junto con su primer disco, titulado “Nuestra Andalucía”. Me dijeron que había sido una sugerencia de César, el hermano de Ángel, como homenaje a los poemas mozárabes que a ellos les gustaba musicar. 

Desde el principio querían ser un grupo popular, acercar la música a la realidad que se vivía, beber de las fuentes de los cantes populares de nuestros pueblos, de nuestra Andalucía, de la obra de nuestros poetas y reivindicarlos.

Aquí está la esencia, los orígenes del grupo. De Andalucía, de sus viajes a los pueblos del Andévalo y la Sierra, sus encuentros con sus gentes, cassette y bloc de notas en ristre, salieron sus primeras canciones rescatando jotillas de Aroche; fandangos y bienaventuranzas de Encinasola; fandangos de Alosno; coplas de San Benito, la toná de quintos, o la toná del pino, que forman parte de su mejor repertorio, interpretadas con instrumentos populares, aquellos que nuestros padres y antepasados utilizaban para cantarlas. 

Estos jóvenes, como muchos de los que vivimos aquella época, tenían hambre por contar, hambre por sentir, por conocernos mejor, por reivindicarnos como pueblo y como ciudadanos fuera de los tópicos que tanto nos han marcado a los andaluces.

Al principio creían que les iba a ser difícil conectar con la gente con un repertorio basado en el rescate de temas de la música popular andaluza y de la obra de poetas como Bertol Brecht, Rafael Alberti, García Lorca, Miguel Hernández, Nicolás Guillén o Blas de Otero, así como de algunos de los nuestros, como Jesús Arcensio, Juan Antonio Guzmán y sobre todo Eduardo Álvarez Heyer (al que quizás nunca hubiésemos conocido si JARCHA no le hubiera cantado y valorado en toda su dimensión). 

Ángel Corpa, Juanjo Oña, Antonio Ángel Ligero, Crisantos Martín,… les crearon canciones, como lo hicieron compositores tan implicados con el grupo como Salvador Távora, Pablo Herrero y José Luis Armenteros y en muy poco tiempo crearon un lenguaje musical nuevo, un estilo que les distinguió de los demás grupos que en aquella época también se dedicaban a rescatar la música popular, como AguaViva (Manolo Díaz), Nuestro Pequeño Mundo, Vino Tinto, Nuevo Mester de Juglaría,…)

Pero JARCHA no era como ellos, era algo más… casi sin pretenderlo, desde el principio el grupo fue aceptado como la voz de miles de ciudadanos -primero andaluces, después de toda España- que necesitaban oír su voz, reivindicar sus sentimientos, sus deseos de libertad, de cambiar las cosas en paz, de sentirse orgullosos de ser como eran y propietarios de la emoción y la fuerza que transmitían con sus canciones.

Ya instalados en la mítica “comuna” del cabezo de la Joya, en la calle Fray Juan Pérez número 18, que a la vez era vivienda, local de ensayos, improvisado estudio de grabación (como lo fue una casa en la calle Nuestra Señora del Rocío, donde montaban los temas del que sería su primer disco) y lugar de encuentro para la cultura, tuvieron claro que en nuestra música popular, en nuestros poetas, en nuestra tierra y en sus problemas, estaba la raíz y la esencia de unos sentimientos que supieron transmitir como ningún otro lo ha hecho. 

JARCHA era un ente vivo e inquieto con el que se iba construyendo un edificio por el que han pasado en torno a 25 miembros que han dejado su huella y a los que siempre estaremos agradecidos por su tarea. Entre ellos, Juanjo Oña, Martirio, Inés Romero, Pepe “Bulerías” (que en julio pasado se nos fue), Toñy García, Rosa Soler, Rosa María Salas, Pepe Roca, Jesús Bola, y otros tantos.

Ya con buenos índices de popularidad, el 4 de abril de 1975 se presentan oficialmente en sociedad en Huelva con un recital en el salón de actos de la Caja de Ahorros de Huelva, en La Placeta, conmemorando el 15 aniversario de la inauguración de Radio Popular en Huelva, emisora a la que tanto debían. 

Creo que sus dos primeros discos “Nuestra Andalucía” y “Andalucía Vive” son la esencia más pura de su obra. “Cadenas”, el tercero, es uno de los discos más sólidos que se han hecho en la música popular española con canciones tan imprescindibles como “La copla que está en mi boca”, “Cadenas”, o la emocionante “Elegía” basada en el poema “Elegía a Ramón Sijé” de Miguel Hernández.

Memorable fue disfrutar en el año 1976 su presentación oficial en el Teatro Monumental de Madrid, totalmente lleno, con gente colapsando el tráfico en la calle Atocha… Aún me emociona recordar cómo el público vibraba con el “fandango de Encinasola” o la “Toná de Quintos” en la primera parte de un concierto en el que los sones de Andalucía y nuestros poetas tuvieron la mejor promoción y reconocimiento que recuerdo… Este concierto sí que fue un antes y un después en la historia de Jarcha como grupo. Ya tenían tres discos en la calle y definitivamente habían pasado de los Colegios Mayores y pequeños o medianos locales, a los grandes conciertos. 

… Casi sin comerlo ni beberlo y a la velocidad del rayo, trabajando mucho, unos jóvenes onubenses a los que les gustaba la música y la poesía, comprometidos, pero sin aspiraciones de militancia política, pasan a vivir el cambio político en España desde dentro. Son muchas las biografías del grupo que consideran que el éxito de JARCHA tiene en la canción “Libertad sin ira” un punto de inflexión decisivo.

Usada para promocionar la salida de Diario 16, se presentó el 9 de octubre de 1976 en el programa “Voces a 45” de TVE y, casi inmediatamente fue prohibida su emisión… por pocas horas.

Todavía asustaba a algunos permitir que se cantase en público:

“Libertad, libertad

Sin ira, libertad

Guárdate tu miedo y tu ira

Porque hay libertad

Sin ira, libertad

Y si no la hay, sin duda, la habrá”

… sobre todo con la credibilidad que transmitía el repertorio de Jarcha, su mensaje y la imagen comprometida y social del grupo.

Libertad sin ira” tiene una historia que nunca entró en los planes creativos de Jarcha pero que, sin embargo, condicionó –y de qué manera- su carrera, para bien y para mal. (para mal, porque alteró la esencia de los objetivos iniciales de su creación con las discrepancias internas que ello supusieron)

Como ya dije en el año 2018 en Paymogo, cuando tuve el honor y la alegría de hacer una semblanza sobre ellos al recibir el Premio Andévalo por su obra y contribución a la cultura popular y a recuperación de nuestra identidad como pueblo, creo que “Libertad sin ira” es una canción que fue antes símbolo que intención porque no me cabe duda de que ni sus autores, Pablo Herrero, José Luis Armenteros y Rafael Baladés, ni el propio grupo pretendieron inicialmente que una canción compuesta con fines publicitarios, para promocionar la salida de un nuevo periódico, fuese el fenómeno que fue… Para mí es una pena que el single en el que se editó, opacase en la cara B otra magnífica canción compuesta por Juan José Oña, titulada “Polución”, primera y única que quizás llamaba la atención sobre el grave problema de la contaminación que aquellos años nos preocupaba en Huelva. 

Todo un cúmulo de circunstancias y la necesidad de que tuviésemos algún símbolo que diese una sola voz a nuestras ganas de libertad, dieron alas a su tremenda popularidad. 

Comparo lo ocurrido con esta canción con las circunstancias por las que los portugueses adoptaron “Grandola vila morena” de José Alfonso, como el símbolo de su revolución de los claveles, cuando había sido compuesta diez años antes, pero fue utilizada como contraseña para iniciar el movimiento de oposición al régimen salazarista…O la italiana “Bella Ciao”, que a principios del siglo XIX crearon las mujeres trabajadoras de los arrozales del norte de Italia, y que luego fue canto de los partisanos antifascistas en la II Guerra Mundial como himno a la resistencia, la libertad y la lucha contra la opresión… Y por qué no incluirla también: la canción “Imagine”, de John Lennon, un unánime canto a la paz en el mundo que no fue compuesta con vocación de himno universal.

… Aquí creo que se produce un punto de inflexión en el grupo, que arrastrado por la ola de popularidad que les baña, triunfan incluso en varios países europeos y en Hispanoamérica, aunque nunca llegaron a lo que se dice “hacer las Américas” y actuar al otro lado del Atlántico. Venden más de un millón de discos y durante tres años con “Libertad sin ira” son proclamados el mejor grupo español siendo la voz de millones de personas. 

Jarcha puso música a la Transición en España. Aunque alguno de ellos pueda discrepar, en los años de la Transición, fue la voz de un pueblo que necesitaba dejarse oír, sentirse orgulloso de sí mismo y de ser de su propia tierra, convencerse de que podía caminar en libertad. 

Creo que quienes participamos de una manera u otra de aquel proceso y, por razones de edad, ahora disfrutamos de sus frutos, tenemos que estarles muy agradecidos… Los años han pasado y, ahora, no podemos negar que ya somos conscientes del papel que cada uno jugó en aquella deseada aventura de la Transición. Esa que unos alaban y otros cuestionan, pero que –no cabe duda- fue un sincero empeño colectivo en el que todos a una, sin tener muy claro como era el recorrido ni sus resultados, en plena operación de búsqueda de más libertad y justicia social con el aparato de la dictadura plenamente vivo, porque nada desaparece ni se transforma de un día para otro, ganando terreno día a día, gesto a gesto, conseguimos en apenas unos pocos años, abrir las puertas de un nuevo país, de una democracia, que parece ser que es claro y manifiesto que aún no hemos terminado de construir.

Aquellos eran tiempos en los que aún estaba prohibido cantar: 

“no hay libertad sin cadenas…

¡Libertad!
¡Qué gran palabra para el preso!
Carcelero
Tú nunca podrás gozarla

Cadenas de hierro
Cadenas de plata
Apenas aquellas
Me dejaban libre
Estas me amarraban

La libertad de vivir”

Y qué decir del “atrevimiento” y el riesgo de cantar un poema de Miguel Hernández hablando de los olivos de Jaén, provincia donde entonces estaba totalmente prohibido interpretar la canción en público. Y es que “¡mira que tener la ocurrencia de preguntarse!”:

Andaluces de Jaén
Aceituneros altivos
Decidme en el alma quién,
quién levantó los olivos…”

Y responder que:

No los levantó la nada
Ni el dinero ni el señor
Sino la tierra callada
El trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
Y a los planetas unidos
Los tres dieron la hermosura
De sus troncos retorcidos

Y es que, como dice Iñaki Gabilondo, en una dictadura “todo lo que no es obligatorio está prohibido” y pensar, sentir, leer, creer y expresarse en libertad no estaba en la lista de lo obligatorio.

Ellos, Jarcha, no eran totalmente conscientes de lo que estaban haciendo. Ese grupo de jóvenes que comenzaron a ensayar en el Colegio Menor Santa María de La Rábida con la sana ilusión de recuperar nuestra música popular y a nuestros poetas, habían puesto una pica en Flandes y comenzaron a abrir las puertas de un aire fresco con las que, primero los andaluces y después los demás españoles le cogimos gusto a eso de querer expresarnos en libertad, cantar lo que sentíamos, contar lo que vivíamos … 

Después de años de éxitos, pero con un ritmo de vida intenso y emocionante, JARCHA se escinde en 1981, sin que aún no nos hayan explicado muy claramente las verdaderas razones que hacen que Ángel Corpa, Rafael Castizo y Pepe Bulerías quisieran una forma de producción distinta a la defendida por Maribel Martín, Juanjo Oña y Antonio Ángel Ligero por las que –claro- deciden parar en 1984, cuando con muchos cambios en el grupo, salió un disco dedicado a la memoria de García Lorca, disolviéndose meses después ciertamente cansados, saturados de unos años frenéticos y con discrepancias internas sobre la línea musical que debían seguir a partir de entonces. 

Recuerdo que unos años después de su disolución, el director de cine y productor musical Gonzalo García Pelayo, les convenció para protagonizar un capítulo de la serie “Vivir cada día” dirigida por José Luis Rodríguez Puértolas para TVE. “Memoria sin ira” se llamaba, y Jarcha se reúne el 20 de marzo de 1987 para actuar en un homenaje al poeta Eduardo Álvarez Heyer en el festival “Andalucía Abierta”, que organiza, Javier, el hermano de Gonzalo García Pelayo, que se celebra en el solar del que hoy es el Teatro Maestranza, en Sevilla, y que para todos los que los presenciamos fue inolvidable. 

No podían negarse a estar en el homenaje a Eduardo, ese excelente poeta represaliado y condenado al anonimato que, si no hubiese sido por ellos, nunca hubiésemos conocido y recuperado de la represión de la dictadura, pariendo algunas de las mejoras canciones que el grupo tiene en su discografía. Terminado el recital, Eduardo Álvarez Heyer, anciano, con una salud precaria, no puede ocultar su emoción y, entre abrazos a todos, no dejaba de preguntarles una y otra vez: “¿vamos a seguir?, ¿vamos a seguir?”.

Poco trabajo costó que se decidieran. Este reencuentro abre la puerta para que vuelvan a los escenarios con un nuevo estilo y en 1988 lanzan un nuevo y excelente disco: “Sentir el Sur”, con Pepe Roca, Toñi García, Maribel Martín, Rafa Castizo y Ángel Corpa, que presentan en Huelva con un emocionante recital en la Plaza de las Monjas. Allí donde estaban sus primitivos orígenes. Y es que todos querían seguir viviendo de la música; el público les echaba de menos y la ilusión por componer y subir a un escenario estaba intacta en ellos.

En reconocimiento a su trayectoria, en 1992 JARCHA es nominado a los premios Príncipe de Asturias.

Recuerdo emocionado aquel día en el Palacio de Congresos de Huelva, en noviembre de 1997 cuando se reunieron la mayor parte de sus componentes, para conmemorar con un concierto el 25 aniversario de la creación de JARCHA. Junto a ellos viví también como en el año 2004 Huelva les entrega la Medalla de la ciudad y, como no, los conciertos, también en el Palacio de Congresos en mayo del año 2022 conmemorando su 50 aniversario, recogido en un documental que ha quedado para la historia. 

Por estas y otras muchas vivencias, JARCHA forma parte de nuestras vidas. Muchos formamos parte de la “Generación Jarcha”. Ellos ayudaron a despertar conciencias, a disfrutar de nuestra propia cultura y considero que el premio que hoy reciben es un acto de justicia con el grupo y todos sus miembros. Es una excelente manera de decirles que no se les olvida y que su obra sigue viva y es necesario volver a oírla para no perder la memoria. 

Jarcha eran algo más, mucho más que cantautores… En principio inconscientes del regalo que nos estaban haciendo, contribuyeron a construir nuestra democracia con melodías y letras que despertaron muchas conciencias dormidas o silenciadas.

Y ahora que ellos lo saben, ahora que nosotros lo reconocemos abiertamente, no hay nada mejor que homenajes como el que hoy le tributa la Academia Iberoamericana de la Rábida para agradecérselo públicamente y dar valor al camino que nos ayudaron a recorrer. 

Nos han ayudado a recorrer el camino de esto que llamamos democracia. Un instrumento tan delicado como un violín Stradivarius, que necesita ser cuidado y afinado con mimo para que disfrutemos de la belleza de su música. Hemos cubierto etapas, pero en estos tiempos que vivimos, se pone de manifiesto que no hemos llegado a la meta que Jarcha nos ayudó a soñar.

Jarcha ha sido la voz y la esperanza de quienes ansiábamos salir del silencio y vivir en libertad y, creo no exagerar, si afirmo que nadie como este grupo ha hecho tanto por dar a conocer la música de nuestra tierra. 

Agradezco el privilegio que me han dado de participar de un homenaje a quienes, personalmente, tanto quiero. Muchas gracias por la herencia que nos dejan, enhorabuena por el premio y el acierto de concederlo y, como ellos nos enseñaron a proclamar: “en el nombre de España, paz… España, no te duermas.

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Autor: Rafael J. Terán