
Premio Academia Iberoamericana 2015 – Primera Edición
La Academia Iberoamericana de la Rábida le otorgó el premio en su primera edición de 2015, al escritor Escolástico Medina, como reconocimiento a “toda una vida dedicada al mundo del periodismo y a su cariño demostrado por el continente”. El premio consta de un diploma junto con una remuneración económica. El reconocimiento de la Academia supone el agradecimiento a Tico Medina por su labor cultural, intelectual y artística empleada entre nuestro país e Iberoamérica durante toda su profesión. Medina fue el primer corresponsal de Televisión Española en América.
Durante el tiempo que estuvo al otro lado del Atlántico, ejerció labores de divulgación de la lengua castellana más allá de España. Su trabajo ofreció información de primera mano de los acontecimientos que tenían lugar en los países del continente americano.
Nacido en Granada, Escolástico Medina ha sido reconocido, a nivel nacional, por su profesión consta de otros premios de renombre, entre ellos dos premios Ondas y una Antena de Oro, que figuran entre su destacado currículum.
El acto, que se celebró en la Facultad de Ciencias Empresariales de Huelva, estuvo copresidido por el alcalde de la ciudad onubense Pedro Rodríguez que lo definió como “un hombre que lleva la ciudad de Huelva en el corazón”. Al acto también asistieron el presidente de la Academia Iberoamericana de Huelva, Sixto Romero, así como el académico José María Ramos Muñoz que realizó la laudatio, “Tico Medina, el hombre, el escritor, el humanista”, cuya transcripción viene a continuación.
“Hace algún tiempo, con motivo de la concesión del premio de la Academia Iberoamericana de La Rábida tuve ocasión de conocer a un caballero de exquisito comportamiento y ameno y agradable parlamento, al que le fue concedido dicho galardón: se trataba de Don Escolástico Medina. Tal circunstancia, así como el hecho de haberme sido encomendado el honroso honor de llevar a cabo la presentación y su laudatio, me hizo venir en conocimiento y profundizar en la persona y personalidad del homenajeado.
De esta manera fui conociendo a Don Escolástico Medina, aunque sin darme cuenta y por un automático mimetismo y una continua simbiosis fue adentrándose en mí no ya dicha persona, sino el gran personaje, al que todos conocemos como Tico Medina, el gran Tico Medina, un granadino, un andaluz, para España y la humanidad, como reza ese bello himno de Andalucía.
Su propio nombre ya llevaba ínsita en su ser connotaciones y gérmenes literarios ESCOLÁTICO, el que no solo aprende y sino que enseña, como se ha ido y confirmado a lo largo de los tiempos.
Desde sus primeros años, cuando escribió (a la edad de 6 años, cual Mozart del periodismo, una poesía a un ciprés de su abuelo hasta nuestros días Tico Medina ha sido un continuo deambular por todos y cada uno de los medios de difusión. De la radio a la prensa, de la revista a la televisión, de la entrevista al reportaje, de la presentación a la redacción, del artículo al libro o a la biografía. Podríamos decir que, en un jocoso, aunque dilecto terceto, que es aquél que
En la televisión, en la prensa o en la radio,
Y en una misma mañana, redacta el guion,
Hace la entrevista y escribe el comentario.
Su enorme profesionalidad y su pasión periodística hizo que todos los medios de difusión, radio, prensa o televisión se discutiesen su colaboración. En todas dejó su impronta como en todas marcó unas formas y nuevos rumbos.
Fue no solo el reportero, que también, sino el maestro de reporteros, como unánimemente es considerado. Tico Medina fue el reportero que cuenta, que narra, que transmitía hechos y sensaciones, que trae la noticia y el personaje. Es el periodista del que dijo Ernest Hemingway: “Tico Medina es capaz de hacer de la pequeña noticia la gran noticia”. Muy celebradas fueron sus entrevistas a Dalí, Gandhi, Pablo VI, Richard Nixon o el Che Guevara.
Honesto y sencillo, profundo y a la par sutil, suave pero agudo. Sin que ningún detalle o baladí motivo escape a su perspicaz ojo escrutador. Es el que otea y ojea todo cuanto aparece ante sus ojos, que no paran de ver, ni se abruman de mirar, atendiendo aquella grácil distinción de María Zayas entre ver y mirar. Esos ojos suyos, que NO permiten que cuanta belleza, ya sea hecho, animal o cosa, que se presenta ante sus pupilas, pase desapercibida, sino que la palpa, la capta, la toma y desentraña su peculiar naturaleza animada o inanimada, para ofrecer una pictórica y clarificadora estampa de cuanto la naturaleza le brinda.
Tico Medina fue el hombre sencillo, amable y sincero. Familiar y entrañable. Leal y Genuino, Atento y Veraz, siempre amigo de sus amigos. Este ejemplar y ferviente piñero, siente pasión por su tierra, a la que tradicional y casi anualmente vuelve durante sus vacaciones, para sentir su calor y el cariño de sus amigos y paisanos, con los que recordar y departir sobre cualquier tema, momento o circunstancia, como para rememorar prístinos y envejecidos momentos.
Y ello, sin olvidar nunca, su españolidad, su sentimiento del mundo hispano, su defensa de España, cuyo nombre paseó aquende y allende los mares, por el mundo entero, como su orgullo de ser y sentirse granadino y andaluz. Muchas obras, muchos escritos dan fe de estos sentimientos. No podemos dejar de citar algunas como “La tierra redimida”, “Crónica del Pirineo de Huesca” “Tercer grado” o “Crónica de América”
No puedo, no obstante finalizar estas letras sin destacar aquello que para él tenía un inmenso valor: la amistad y la lealtad.
Gracias querido Tico por todo aquello que nos han enseñado, gracias por el ejemplo de toda una vida y gracias, infinitas gracias por tu amistad, querido y recordado amigo”.

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Autor: Academia Iberoamericana de la Rábida
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