
Pensamiento estratégico para todos
Es posible que si se propusiera tratar sobre Pensamiento Estratégico aparecieran ciertas dificultades para hacerlo. En nuestra sociedad se han ido acumulando contenidos y conocimientos estrechamente conectados con avances científico-técnicos, sobre todo a lo largo de las últimas décadas, en el contexto de la sociedad digitalizada. Esto, por otra parte, suscita notables riesgos ante el desconocimiento casi generalizado de gran parte de la ciudadanía, particularmente en el terreno del uso de los servicios digitales, de las redes sociales y de cuanto supone lo cotidiano para la mayoría de las personas.
Es una realidad que se han ido relegando de los contenidos obligatorios de la enseñanza en los niveles de Primaria y Secundaria estos temas. Se encuentran aspectos conectados con ellos en algunas áreas de conocimiento, establecidas como grandes líneas orientadas a la enseñanza superior. De hecho, a lo largo del periodo que abarca desde el final de la Segunda Guerra Mundial y la actualidad, se han consolidado distintas extensiones del Pensamiento Estratégico, en muy diferentes áreas, con una muy sólida aplicación en el campo de la economía, empresa, organización, geopolítica, geoestrategia, junto a otras que han recogido elementos conceptuales y metodológicos para hacerlos viables en sus innovaciones. Las aplicaciones son múltiples y, en general, adaptadas a los contextos en que suele manifestarse la incertidumbre, así como en los que se encuentran caracterizados por la necesidad de aplicar factores de planificación. Contemplada de esta forma, la aplicación del Pensamiento Estratégico es muy extensa, e incluso cabría entender que bastante compleja, lo que obliga a considerarlo como una materia a repensar continuamente, de cara a convertirla en un bastión de gran utilidad.
Junto a esto se ha venido consolidando toda un área, con diferentes líneas de investigación y trabajo, como es la Planificación Estratégica, muy claramente ubicada en el terreno económico y social. En algunos países se ha establecido como una materia de notable aceptación, tanto en los sectores públicos como privados, con una presencia clara en las administraciones públicas y en el mundo empresarial. No obstante, en demasiados casos se argumenta acerca de planificación, sin tener en consideración su innegable relación con la construcción esencial que previamente se debería haber establecido partiendo, en principio, desde el Pensamiento Estratégico.
Junto a esto se difunden constantes apreciaciones sobre conceptos y aplicaciones, algunas de las cuales parecen haberse construido sobre determinados tópicos, acerca de Pensamiento Estratégico y Planificación Estratégica. Sin entrar en estos aspectos, sujetos a elevadas dosis de potenciales polémicas, lo que parece nítido es que en la actual sociedad digitalizada se puede recoger gran parte de los avances en estas materias, con el objeto de aplicarlos en los más variados contextos. Se trata de progresos, que no siempre es posible derivar a su versión práctica debido al desconocimiento social sobre ellos. Esto justifica la posición de que resulta necesario introducir conceptual y metodológicamente tales contenidos desde la enseñanza obligatoria, formando a la ciudadanía para hacer posible que en el futuro deseable se consiga un sistema social y cultural proclive a emplear lo adecuado y útil de estrategia, planificación y otras materias y disciplinas, sin dejar atrás que gran parte del aprendizaje conlleva la aplicación del pensamiento crítico, analítico, reflexivo, autorreflexivo, …. No es tarea fácil, y en muchos aspectos parece que tal vez se va demasiado tarde, aunque afrontar la tarea no es imposible.

Fig.1. Pensamiento estratégico, elementos
Aunque pueda parecer reiterativo, llama poderosamente la atención la falta de formación en estas áreas, en lo referido a lo que se proyecta sobre la ciudadanía, en líneas muy generales. No se trata de trasladar a la población unos contenidos densos de estas materias, sino de hacer comprensible la participación y la influencia que pueden tener en variados aspectos de lo cotidiano. Esto puede suponer una debilidad en las conciencias, en sociedades democráticas, lo cual se hace más palpable cuando se argumenta en el sentido de construir un futuro deseable. De ello se deduce que es necesario revisar profundamente los factores que articulan estas disciplinas, tanto para trasladarlas a la educación ciudadana, como para detectar el conjunto de riesgos, retos, oportunidades y cuantos elementos pueden influir y afectar directa o tangencialmente al común de los ciudadanos. La inacción ante ello supone mantener una de las grandes debilidades, que inciden en la aparición y consolidación de más vulnerabilidades.
Tal vez uno de los campos en que más se percibe esta falta de formación es el de la fragilidad ciudadana ante la desinformación, la manipulación social, la captación y asimilación de relatos y falsedades en unos espectros amplísimos. No obstante, no queda ahí la cuestión, dado que de estos riesgos se deducen unos retos, que suelen quedar sin formular ni afrontar. Parece que en la sociedad digitalizada casi exclusivamente se publicita la gran cantidad de oportunidades que emergen para todos los que se acercan a medios de comunicación, redes sociales y otras plataformas que corren en paralelo. Al no potenciarse en la educación obligatoria el pensamiento crítico, analítico, reflexivo, autorreflexivo, …. Por supuesto, tampoco se conoce qué es el Pensamiento Estratégico, ni la Planificación Estratégica, que en realidad podrían ayudar a casi todos los aspectos vitales a los ciudadanos, tanto en el orden personal como en el colectivo. Sí se plantean estos términos y los conceptos correspondientes en ámbitos como el empresarial, en cuanto se persigue la obtención de beneficios, o en aspectos de geopolítica y geoestrategia, como si se tratase únicamente de nutrir a las empresas y a los Estados.
No cabe duda de que se precisan actuaciones apropiadas de cara a subsanar gran parte de las carencias que fácilmente se detectan. La revisión de la literatura científica emanada de las correspondientes líneas de investigación desde estas áreas de conocimiento ha de ser analizada, al menos, desde una perspectiva descriptiva que contribuya a recoger el pasado y el presente de los logros académicos acumulados a lo largo de años. Es una forma de detectar, acumular y clasificar o catalogar lo que cabe considerar esencial, que en gran medida suele restringirse a su aplicación en campos muy concretos. Una gran labor puede consistir en hacer que un corpus académico se haga comprensible y asimilable por sectores amplios de la sociedad, desde lo cual se habrá realizado una plausible labor orientada a la posterior formación ciudadana. Acrecentar la conciencia crítica en la educación obligatoria puede suponer un paso de gran calado en esta dirección.

Fig.2. Engranajes en el Pensamiento Estratégico
Llama poderosamente la atención la ausencia de actividades académicas centradas en el Pensamiento Estratégico, particularmente en algunos países considerados desarrollados, avanzados y caracterizados por sociedades y sistemas democráticos. Sí se han mantenido y proliferado las contribuciones a esta disciplina desde el ámbito militar, lo que puede llevar a la creencia de que este es el origen del que cabe entender como el verdadero Pensamiento Estratégico. En esta dinámica es conveniente centrar los aspectos concernientes a la fundamentación y evolución histórica y filosófica de este pensamiento, de las acepciones del término, así como describir las formas en que ha ido penetrando en distintos campos en los que ha sido aplicado. Otro tanto cabe señalar acerca de la estrategia en general, junto a sus aplicaciones en ámbitos específicos. Lo mismo cabe apuntar en relación a la Planificación Estratégica, junto a otros marcos de referencia y actuación.
Trasladar elementos sintéticos de algunas de estas materias al sistema educativo debería ser relativamente simple. Para ello se pueden poner ejemplos en disciplinas académicas para su conversión en materias curriculares. Es claro el ejemplo de cómo se ha concebido y tratado la historia en los planes de estudio, en los países avanzados y democráticos, en los que por lo general se ha ignorado que los hechos históricos de gran trascendencia no sólo se explican por causas y motivaciones claramente verificables, es decir, objetivas, sino que es preciso analizar también el pensamiento que subyace en las decisiones y acciones que han quedado establecidas como factores históricos.
Si en los diseños curriculares se incluyese aprender a pensar, valorar cómo se ha pensado a lo largo de la historia, analizar que la causalidad y el posibilismo pueden ser incorporados en programas de materias de humanidades, ciencias sociales y ciencias, se podría definir un marco curricular en el que al futuro ciudadano se le ofrecieran rudimentos elementales para desarrollar los distintos tipos de pensamiento a los que antes se ha hecho mención.
En el ámbito universitario se estudia e imparte la Historia del Mundo Actual, compendiando el discurrir histórico de las últimas décadas. Hace años partía esta materia desde la etapa inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial. Más recientemente se ha acotado partiendo de momentos como la caída del Muro de Berlín. No es una mera cuestión de delimitar la materia para acomodarla a la realidad de los cambiantes planes de estudio. Puede dar la impresión de que cada vez es más imperante relatar hechos, periodos, articulación de alianzas, conflictos, etc, mientras se desvanece en parte la explicación de todo ello a través del pensamiento, las estrategias, así como de toda una serie de factores no estrictamente materiales, sino relativos a las formas de ser y de pensar, a las mentalidades y otros centros de acción y decisión.
Desde esta perspectiva se reflexiona acerca de cómo es necesario repensar sobre cuestiones como el Pensamiento Estratégico, así como otras también decisivas en la sociedad y lo que ha venido a ser definido como orden mundial.
Se pueden aportar muchas muestras sobre cómo el ciudadano se enfrenta a diario a una serie de interpretaciones sobre hechos de muy variada naturaleza, algunos de los cuales pueden ser de trascendental importancia para su vida, ya sea directa o indirectamente. El ritmo vertiginoso con que se producen los acontecimientos, unido a la aparente superficialidad informativa, la generación de relatos, las distintas formas de desinformación, las maniobras de influencia, junto a la pasividad en que caen las sociedades al valorar su impotencia ante los impulsores de estos fenómenos es preocupante. Con los medios digitales y de comunicación con que hoy se cuenta cabría insistir en la formación continuada de la ciudadanía. Aunque, ¿se hace algo de esto?
El ejemplo de la recepción, percepción y valoración de las realidades y conflictos en ámbitos como la geopolítica -y otros colaterales- es relevante, dado que puede ofrecer una noción de la posible indefensión ciudadana ante las interpretaciones que se le ofrecen desde distintos enfoques y medios. Parece como si no se incitara a pensar, sino más bien a digerir paciente y sumisamente cuanto se le ofrece a la ciudadanía. Se puede hacer un muestreo delante del televisor, viendo durante un tiempo acotado cómo se proyectan las novedades informativas, desde distintas opciones caracterizadas por intereses concretos. Cada persona puede extraer unas conclusiones, de acuerdo con su formación y capacidad para analizar. No obstante, cuanto más se haya alejado dicha formación del pensamiento crítico, analítico, reflexivo, …. tanto más lejos se hallará ese ciudadano de interpretar con objetividad cuanto le rodea y le afecta. Él no ha cimentado un Pensamiento Estratégico propio, mientras los interesados en llevarle a no pensar sí pueden tener un completo y detallado programa al respecto, acorde con un pensamiento muy acabado, con una planificación estratégica acorde al mismo, a la vez que, con unos medios de gran consistencia para materializarlos, de gran consistencia y extremadamente contundentes.
Como aportación o conclusión provisional cabe insistir en formar a la ciudadanía desde y en el Pensamiento Estratégico.
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Autor: José Domínguez León
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