
ADELAIDA: UNA MUJER DEL SIGLO XIX EN LA ERA DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
En 1853 nació Adelaida Martínez-Corera y Grande en el seno de una familia burguesa madrileña, estrechamente vinculada a la Casa Real española y al ambiente cultural de su momento. Su padre, Pablo, era caballerizo de campo de Su Majestad la reina Isabel II; su madre, Teresa, era hija de Joaquín Grande, ayudante de la Real Biblioteca de Su Majestad Fernando VII, y sobrina de Pedro Grande, sumiller de Corps del Rey y director del Museo de Pinturas —actual Museo Nacional del Prado— durante el mismo reinado.
No cabe duda de que Adelaida disfrutó de un origen privilegiado. En una España marcada por la extrema desigualdad social, la crisis económica y política y un atraso industrial todavía persistente, muy pocos podían acceder a una educación y unas comodidades como las suyas. Como prácticamente toda su clase social, los Martínez-Corera mostraron un vivo interés por la fotografía, pues resultaba difícil permanecer ajenos a esta nueva tecnología llegada de Francia, que parecía llamada a transformar la manera en que el ser humano observaba y registraba el mundo cambiante que le rodeaba.

Fig1. Adelaida Martínez-Corera
Con el paso de los años, Adelaida se fue integrando cada vez más en la vida social propia de las jóvenes de su condición: asistía a bailes en Palacio y en residencias de la nobleza madrileña, colaboraba en causas benéficas, pintaba y exponía sus obras en muestras como el Salón Hernández, y tocaba el piano dentro y fuera de su casa, como tantas señoritas de la época. A finales del siglo XIX, las mujeres de clase burguesa no debían trabajar, por lo que la hija de los Corera contrajo matrimonio con Francisco Arespacochaga, funcionario procedente de una familia militar bien considerada, con quien tuvo varios hijos. Su vida matrimonial transcurrió con normalidad hasta 1898, año en que Adelaida quedó viuda. Dos años más tarde perdió también a su hermana y a su cuñado. En poco tiempo, seis niños quedaron huérfanos, y ella tomó la decisión de sacar adelante a su familia sin el apoyo de ningún varón, algo poco habitual en los albores del siglo XX. Desde entonces, continuó asumiendo las responsabilidades que había compartido con su marido, entre ellas la gestión de dos edificios en Madrid. Su partida de defunción indica que falleció en octubre de 1920 en la capital, rodeada de los suyos.

Fig2. Adelaida Martínez-Corera
Cien años más tarde, tras el fallecimiento de mi madre, vacié el altillo de mi antigua casa y encontré varias cajas y bolsas repletas de fotografías decimonónicas de distintos formatos. En ellas aparecían, entre otros, un joven vestido como húsar del regimiento de Pavía isabelino; una niña que sostenía un aro de juguete ante un fondo ajardinado; o un grupo de personas que parecían conocerse y posaban en lo que podría ser una celebración infantil. Eran, en realidad, familiares y allegados de mi tatarabuela Adelaida.
A partir de ese hallazgo, mi curiosidad no dejó de crecer, al mismo tiempo que lo hacía la propia colección. Recibí de mi tía un álbum de fotografías en formato carte de visite, así como diversos objetos y documentos vinculados a los Martínez-Corera Arespacochaga. Aunque en ese momento aún no alcanzaba a comprender el verdadero alcance del conjunto, a medida que abría cajas, leía documentos y consultaba archivos, empezaba a percibir la fuerza del entramado que se desplegaba en torno a Adelaida.
Mi colección llegó a oídos del festival internacional de fotografía PhotoEspaña, que en 2025 nos encargó al fotógrafo Jorge Salgado y a mí el desarrollo de un proyecto expositivo comisariado para el Museo del Romanticismo. La propuesta partía de la figura de una mujer destacada dentro de este archivo familiar y se planteaba como una aproximación contemporánea a su trayectoria y su contexto. A partir de ahí, nos propusimos establecer un diálogo entre pasado y presente, explorando al mismo tiempo las posibilidades de las tecnologías más recientes de la imagen, en un cruce entre investigación, creación y experimentación técnica. El resultado fue un éxito de crítica y público, lo que ha hecho posible que, un año más tarde, en 2026, la exposición haya itinerado al Centro de la Comunicación Jesús Hermida de Huelva.

Fig3. Adelaida Martínez-Corera
En este trabajo, la inteligencia artificial generativa permitió reconstruir escenas íntimas y cotidianas de la vida de mi tatarabuela que en su época no se registraban, o no podían registrarse con los medios disponibles. Al mismo tiempo, la inclusión de fotografías originales, junto con objetos y documentos conservados, aportaba una base material que reforzaba la verosimilitud del conjunto y su dimensión histórica. De este modo, el espectador podía adentrarse en un viaje en el tiempo creíble, casi físico, hacia la figura de Adelaida y el entorno que habitó.
El proceso de elaboración de las imágenes partía de una línea de tiempo de su vida, a partir de la cual se seleccionaban los momentos a recrear. Con la ayuda de Midjourney, se incorporaban referencias visuales del siglo XIX y rostros reales, y se introducían prompts descriptivos —órdenes en formato texto— para indicar al programa qué generar y en qué estilo hacerlo. Todo el proceso estaba orientado a construir imágenes verosímiles, evitando introducir episodios ajenos a los hechos conocidos: aquello que el archivo no había conservado se ampliaba desde la imaginación, pero siempre en diálogo con la documentación existente.
Hace ahora casi doscientos años que se inventó la fotografía, y su irrupción no estuvo exenta de controversia. Aquel nuevo procedimiento puso en cuestión no solo el lugar de la pintura, sino también la manera en que el ser humano miraba, interpretaba y representaba el mundo. La imagen dejaba de ser exclusivamente una construcción manual para convertirse, en apariencia, en una huella directa de lo real. Hoy, salvando las distancias, la inteligencia artificial generativa nos sitúa ante un escenario comparable: un territorio todavía inestable en el que vuelven a tensionarse los límites de la autoría, la veracidad y la creación de imágenes.
En nuestro caso, la experimentación con estas herramientas no responde únicamente a una cuestión técnica, sino a la necesidad de pensar desde la práctica. El cruce entre investigación, creación y tecnología nos ha permitido cuestionar los lenguajes heredados y trabajar en un espacio donde las certezas se vuelven más porosas. Es ahí donde el proyecto adquiere sentido: no solo como reconstrucción, sino como un lugar desde el que preguntarse qué consideramos verdadero, cómo se articulan los discursos y qué papel desempeñan las imágenes en todo ello.

Fig4. Adelaida Martínez-Corera
Al mismo tiempo, “Adelaida” surge del deseo de sacar a la luz trayectorias que han permanecido en un segundo plano. La vida de mi tatarabuela no es una excepción, sino la de muchas mujeres que, pese a las limitaciones de su tiempo, sostuvieron estructuras familiares, tomaron decisiones y desarrollaron formas de autonomía que apenas dejaron rastro en los relatos oficiales. Recuperarlas implica no solo mirar hacia atrás, sino ampliar el marco desde el que entendemos el presente.
En este sentido, mi colección familiar se convierte en un punto de partida esencial. Las fotografías, los documentos y los objetos conservados durante generaciones no son únicamente vestigios materiales de gran valor histórico —como atestiguan autores de algunas de las imágenes, entre ellos Disdéri, Kâulak, Christian Franzen o Laurent—, sino también fragmentos de memoria que permiten reconstruir trayectorias complejas y situarlas en un contexto más amplio. De ahí la importancia de su conservación, estudio y posible integración en el ámbito institucional, como garantía de que estos legados no se diluyan con el tiempo. Este proyecto se sitúa, en definitiva, en ese cruce entre pasado y presente, entre documento e interpretación, entre tecnología y memoria: un lugar desde el que seguir interrogando las imágenes y, a través de ellas, las formas en que construimos y transmitimos nuestras propias narrativas.
La universalidad del concepto y la hibridación de disciplinas del conjunto hacen de la exposición un proyecto versátil e itinerante. “Adelaida” ha sido exhibida hasta la fecha en el Museo del Romanticismo en 2025 y el Centro de la Comunicación Jesús Hermida en 2026; además, se ha proyectado en las I Jornadas de Inteligencia Artificial de la Universidad Politécnica de Valencia y en la conferencia para alumnos de la escuela madrileña Lens titulada Proyectos Creativos con Inteligencia Artificial.
Biografía y curriculum vitae de Mercedes Hausmann: https://mercedeshausmann.com/bio/
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Autor: Mercedes Hausmann Casal
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