
Una “pesadilla” evitable
La ONU vincula el alarmante aumento de la inestabilidad atmosférica al cambio climático y los expertos del programa Geosfera-Biosfera que estudian el calentamiento global nos confirman que los puntos débiles más significativos del planeta que lo genera son, el incremento de la población, los gases de efecto invernadero, el aumento de temperatura de las aguas oceánicas, y los miles de sustancias químicas producidas en el último siglo que, no sólo afectan a la atmósfera y al medio ambiente, sino a la salud humana en general.
Si bien el año 2024 fue en el que más aumentó la temperatura global, se prevé que sea este año 2026 en el que se supere todos los índices. De momento, agosto de 2026 ha sido el mes más cálido jamás registrado a nivel mundial, según los datos del Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S), superando de nuevo el nivel preindustrial de 1,5 °C acordado en París, tras nueve meses consecutivos por debajo, desde noviembre de 2025, lo que se estaba interpretando como un enfriamiento tras el pico del Niño de 2023-2024, aunque ahora parece que vuelve a superarse con fuerza, lo que induce a pensar que el calentamiento sigue una trayectoria ascendente, pudiendo convertirse 2026 en uno de los años más cálidos jamás registrados.

Fig. 1. Evolución de la temperatura global (2000-2026)
Según se indica en “Advances in Atmospheric Sciences”, el calentamiento de los océanos también está siendo clave para que se bata ese récord de temperatura, algo que se considera consecuente con las concentraciones de gases de efecto invernadero generadas en el planeta, reteniendo el calor en la atmósfera y promoviendo la fusión de las masas de hielo en glaciares y áreas polares, algo que la OMM (Organización Meteorológica Mundial) ha estimado como la pérdida de un 85% de la superficie glaciar en el último siglo.
El deshielo de casquetes polares y glaciares acelera también una subida del nivel del mar y según el Servicio Mundial de Vigilancia de Glaciares se estima que ese aumento está comprendido entre el 25% y el 30%; algo preocupante porque, aunque frenáramos el calentamiento global, el nivel del mar seguiría subiendo, al menos unos 10 centímetros al año, pudiendo, incluso, llegar a ser hasta de siete metros si los hielos de Groenlandia se derritieran totalmente, aunque los científicos de la comunidad climática internacional opinan que un colapso completo tomaría miles de años bajo los peores escenarios de emisiones. Una alarma que confiamos no llegue nunca a ser realidad, merced a las políticas preventivas que la sociedad deberá implantar.

Fig.2. Los glaciares se derriten
Negociado en 1987 y con entrada en vigor en 1989, el Protocolo de Montreal marco la prioridad para reducir las emisiones de gases que destruyen la capa de ozono; en diciembre de 1997 los países industrializados se comprometieron en Kioto a un conjunto de medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y minimizar los efectos de esos gases contaminantes sobre el cambio climático; en 2015, se firmó el “Acuerdo de París”, Tratado internacional jurídicamente vinculante, con el fin de limitar el calentamiento global muy por debajo de los 2 °C, esforzándose por mantenerlo en 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales; en 2021 se firmó el “Pacto Climático de Glasgow”(COP26), donde se estableció el compromiso de acelerar la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en un 45 % para 2030, destinando, al menos el 30 % del presupuesto plurianual de la Unión Europea y del fondo NextGeneration a la acción climática y por último, la Unión Europea ha promovido legalmente el objetivo de alcanzar la neutralidad climática en la UE para 2050.
En paralelo y desde la UNESCO, la FAO y otras organizaciones se está intentando concienciar a los jefes de Gobierno de las naciones del mundo para que controlen el excesivo desarrollo que atenta contra la calidad ambiental y se orienten a políticas solidarias que contribuyan al reparto de bienestar para dar de comer y beber a los que tiene hambre y sed… pues actualmente unos mil quinientos millones de personas carecen de agua potable y más de mil cien millones no disponen del mínimo consumo energético y proteínico en sus dietas alimentarias.
La gran duda, mi incertidumbre, es si la gran “masa” social será capaz de entender el dilema o seguirá sometida a ese “poder” subliminal que nos deja sordos y ciegos, ante la incredulidad de los acontecimientos. Un tema que ha sido sobradamente analizado por sociólogos, sicólogos, filósofos, teólogos y antropólogos, que han transcrito sus hipótesis y tesis en profusos tratados que han enriquecido las bibliotecas de las más prestigiosas universidades, pero que no han enriquecido el intelecto de nuestra sociedad actual, capitalizada por esa minoría “poderosa” que ha jerarquizado la estructura social de nuestra Comunidad, cuya capacidad cognitiva, esa que se supone es en la que se fundamenta la inteligencia y la creatividad del ser humano, está siendo limitada intencionadamente por los tiranos que, imbuidos de ambición, ejercen la primacía de su fuerza, tal y como siempre se ha ejercido en el reino animal al que pertenecemos, pues sólo somos unos vulgares “primates”, quizás algo más avanzados en la escala evolutiva de la “madre” Naturaleza.

Fig.3. Incertidumbre
Actualmente están despertando de su letargo industrial unos mil quinientos millones de chinos, ochocientos millones de hindúes, cuatrocientos millones de paquistaníes y algunos más de otros pueblos dispersos, pero inquietos. Dentro de pocos años, parte de esos tres mil millones de seres se unirán a los mil quinientos millones que ya disponemos del confort que da el progreso, provocando que más de un 50% de los habitantes del planeta intenten repartirse los recursos naturales de la ya sobreexplotada “vieja” Tierra, algo que ya se está percibiendo, no sólo con el control de los hidrocarburos, petróleo, gas…, sino también con la riqueza que se encuentra en Groenlandia y resto con continentes polares cuyo deshielo se percibe posible debido al calentamiento global y cuyo deseo de posesión y control ya está en el tablero del juego.
Se supone que para entonces ya habremos controlado las emisiones de gases nocivos de efecto invernadero, encontrado un sustituto a las energías fósiles, redistribuido la riqueza agrícola y piscícola, mejorado los sistemas sanitarios, controlado la deforestación y la desertización, se dispondrá de agua potable y sistemas de depuración de residuales para evitar epidemias, y que el “homínido” principal habrá sobrevivido, aunque sea en soledad…. considerando que algún “poderoso” alocado no hubiera pulsado el botón “prohibido” de la autodestrucción….
En cualquier caso, ya podre dormir tranquilo porque a pesar de todas esas posibles incidencias, sé que mi querido Planeta Tierra no habrá sufrido el más mínimo riesgo de desaparición, pues sólo se habrá transformado ligeramente promoviendo cambios en las formas y en la calidad de vida de este gran depredador, el “stupid homo sapiens”, que no supo conservar su hábitat.
¿Podremos evitarlo?
Benito A. de la Morena
Dr. Ciencias Físicas
Miembro Numerario de la
Academia Iberoamericana de la Rábida
Huelva-España
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Autor: Benito A. de la Morena Carretero
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