1526: Una efeméride artística renacentista

Por Publicado el: 03/11/2026

 La centuria decimosexta configura uno de los períodos más representativos y brillantes de la cultura y de las artes hispánicas bajo la égida del poderoso Carlos I de España y V de la Germania. Se trata de un siglo, junto con el siguiente, a los que se ha llamado Siglo de Oro, en singular, ignoro por qué, solo al XVII. 

      En este contexto, es obligado recordar cómo hace quinientos años, precisamente coincidiendo en el tiempo con la boda en el Alcázar hispalense del emperador con Isabel de Portugal, se publicó en Toledo un interesante tratado que, bajo el título de Medidas del Romano, escribió el tratadista burgalés Diego de Sagredo (c. 1490-c.1528).

      El libro contiene: 

  1. De algunos principios de Geometría necesarios y muy usados en el arte de trazar.
  2. Como se debe formar la cornisa y cuáles son las molduras que la componen — 3. De la formación y medida que han de tener las columnas y de su primera invención y origen — 4. Las reglas que se han de guardar para formar las columnas más estrechas y delgadas en lo alto que en lo bajo — 5. Cómo se deben cavar las estrías — 6. De la formación de las columnas dichas monstruosas, candeleros y balaustres — 7. Cómo se deben formar y medir las basas y primeramente la basa dórica — 8. Síguela la formación de la basa jónica — 9. Cómo se forma y mide la basa tuscánica — 10. Siguese otra formación de basas — 11. Cómo se debe formar y medir la contrabasa — 12. Cómo se deben formar los capiteles y cómo fueron primeramente tallados — 13. Siguese otra formación del capitel llamado jónico — 14. De otro género de capitel llamado corintio — 15. De las tres piezas que vienen sobre los capiteles, que son arquitrabe, friso y cornisa — 16. De la segunda pieza que se dice friso — 17. Síguese la formación de la tercera pieza que se dice cornisa.

     Es un tratado de arquitectura escrito al modo erasmista en forma de diálogo (entre Tampeso y León Picardo), y está basado en la traducción del libro del romano Marco Vitruvio, y el primero de arquitectura publicado en España gracias al arzobispo de Toledo Alonso de Fonseca y Ulloa. Se reeditó hasta cinco veces antes de 1553 y se tradujo a otras lenguas. La obra ofrece instrucciones detalladas acerca de las características y medidas o proporciones que deben poseer los diversos elementos (basamentos y basas, fustes, capiteles, entablamentos, cornisas o frontones) que integran los tres órdenes principales (dórico, jónico y corintio), aunque también se contemplen de forma más superficial los órdenes toscano y compuesto o ático.

        Las fuentes principales que toma Sagredo en su Medidas del Romano fueron, más cercano, León Battista Alberti (De ReAedificatoria, 1452) y, más lejano, Vitruvio (De Architectura Libri Decen, h. 33-14 a.C.); éste, en cuanto referente básico de la teoría arquitectónica de la Antigüedad, modelo sobre la que el autor se apoya en la fijación de medidas para “edificar al modo antiguo”; y Alberti, en su consideración científica de la arquitectura que, no obstante, ha de disponer a la naturaleza y repercutir en el bien común, así como en la sistematización de los órdenes.

       El estudio de estos últimos tuvo una enorme influencia sobre la arquitectura renacentista española, pues supone una singular relación artística entre esta última y la Antigüedad al introducir integrantes nuevos (una decoración prolífica que cubre las fachadas con elementos vegetales, candelabros, festones, criaturas fantásticas y todo tipo de figuraciones). Uno especial, que nos interesa ahora recalcar por su generalización práctica y su relación sevillana, es la columna abalaustrada, como “sexto orden”, a la que Sagredo llama monstruosa, incorporada al repertorio del arte protorrenacentista o plateresco, ya sea en la propia arquitectura, en los retablos o como elementos ornamentales; para ello, se basa en gran medida en las proporciones del cuerpo humano, que tanto interesarán al germano Alberto Durero en su libro sobre las medidas publicado ocho años después. También repercutirá fuera del ámbito hispánico en el arquitecto Philibert Delorme (Le premier tome de l,architecture, 1567), que también intentará configurar un orden nacional francés, así como en el holandés Pieter Coecke van Aelst (Die inventie der colommen, 1539), quien lo debió conocer a través de la primera edición francesa de 1536.  

       La columna abalaustrada, según algunos parece derivar del árbol y el fruto del granado (balaustium), en una clara alusión a la reconquista de Granada por los Reyes Católicos en 1492, estableciendo definitivamente un territorio hispano propio y homogéneo, cerrado con la expulsión de los judíos de Castilla y Aragón y engrandecido con el descubrimiento del Nuevo Mundo. Tal elemento artístico se hará presente en numerosos monumentos de la primera mitad del siglo XVI propios del arte denominado plateresco, término que en distintas fases y por primera vez llamó así  el analista sevillano Diego Ortiz de Zúñiga (1636-1680) en sus Annales Eclesiásticos y Seculares de la muy Noble y muy Leal Ciudad de Sevilla, Metrópoli de Andalucía, que recoge los acontecimientos de la ciudad desde 1246 hasta 1671, Texto editado por Juan García Infanzón, en la Imprenta Real, Madrid en 1677, que consta de 823 páginas, dedicado a Juan Francisco de la Cerda, VIII duque de Medinaceli. Describe entonces la fachada del cabildo secular hispalense a la manera de un orfebre, a la que llamó “labor de plateros”.

Fig.1. Frontispicio del libro

 

Fig.2. Ejemplares arquitectónicos con columnas abalaustradas

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Autor: Gerardo Pérez Calero