Pensamiento Estratégico y Prospectiva: potente binomio

Por Publicado el: 03/11/2026

El pasado 14 de octubre de 2026 se celebró el I CONGRESO INTERNACIONAL IBEROAMERICANO SOBRE PENSAMIENTO ESTRATÉGICO Y PROSPECTIVA “La Rábida 2026”, con el lema “PENSAMIENTO ESTRATÉGICO Y PROSPECTIVA EN LA SOCIEDAD DIGITALIZADA. RIESGOS, RETOS Y OPORTUNIDADES”, organizado por la Academia Iberoamericana de La Rábida.

La amplitud de los temas a tratar daba cabida a muy distintas aportaciones, desde diferentes áreas de conocimiento, lo que supuso la participación de destacados investigadores de España y de Iberoamérica. Con independencia de los temas abordados, queda patente que es muy necesario incentivar este tipo de eventos, tanto para dar cabida a la producción científica en estos centros de atención, como para posibilitar la posterior materialización de publicaciones que ayuden a consolidar y extender conceptos y metodologías que generen posteriores investigaciones.

El Pensamiento Estratégico ha transitado desde una concepción lineal, mecanicista y a veces estrictamente militar, hacia un ecosistema teórico caracterizado por la complejidad adaptativa, la transversalidad organizacional y la digitalización de las interacciones humanas. Durante décadas se consolidó en áreas económicas y empresariales, para afianzar una cantidad muy apreciable de teorías, conceptos, líneas de trabajo e interpretación, consolidándose escuelas claramente orientadas hacia la práctica de una más eficaz forma organizativa de negocios.

Por otra parte, la Prospectiva, encaminada a analizar el contexto y articular las formas de construir un futuro deseable, se extendía más allá de lo puramente empresarial, abarcando muy distintos campos y ofreciendo variadas alternativas. Una de las cuestiones clave que emergen se concreta en que ambas disciplinas van de la mano, constituyendo un binomio que cada vez se revela como más potente, complementario y necesario en el marco de la sociedad actual. Incluso los avances de la digitalización implican que se acumulen nuevas y mejores herramientas en ambas materias, lo cual permite afrontar metodologías complejas con una relativa viabilidad, llevando desde contextos muy distintos hacia unos modelos de acción caracterizados por la aplicación de métodos digitalizados en gran medida. No obstante, las disciplinas continúan estructuradas por los investigadores, basándose en lo que se ha ido realizando y acumulando a lo largo de décadas de esfuerzo y dedicación. El hombre propone y decide, aunque las herramientas empleadas sean cada vez más digitalizadas, y ello contando también con las aportaciones de la inteligencia artificial en determinados aspectos.

En relación al Pensamiento Estratégico, el ámbito económico-empresarial ha ido acentuando la forma de entender lo que puede ser considerado como estructuración epistemológica, en tanto las organizaciones han puesto su atención en determinados aspectos que cabe considerar como esenciales en las organizaciones, además de que se pueden considerar como grandes pilares no solo para aquellas dedicadas a lo económico, sino que es posible trasladarlos a otras de muy distinta naturaleza. Esto conlleva que lo avanzado por el Pensamiento Estratégico en unos terrenos muy concretos, se puede llevar a otros relativamente distintos y hasta distantes, haciendo las salvedades contextuales precisas.

Como grandes elementos primarios cabe considerar, al menos, cuatro en dicha descomposición epistemológica:

  • En primer lugar, tener en cuenta la visión a largo plazo, lo cual implica que el Pensamiento Estratégico se dirige a algo mucho más complejo que la relativa inmediatez, trabajando para disponer los métodos y programas que hagan posible alcanzar ese futuro deseado, o para salvaguardar lo que supone un modelo concreto acrisolado durante mucho tiempo. Esta visión a largo plazo parece que no es una orientación nueva, sino que ha existido a lo largo de la historia en determinadas organizaciones, desde imperios, reinos, bloques de poder y económicos, etc. Desde una perspectiva económica se han formulado teorías y metodologías en este sentido, para construir el camino hacia lo deseado, casi siempre en la posición de los mercados, tal como han realizado investigadores como Drucker y Porter. Parece que uno de los verdaderos desafíos no estriba en ceñirse a seguir un diseño rígido durante décadas, sino en establecer un marco que permita adoptar medidas para afrontar la incertidumbre. Los resultados demuestran que las estrategias de éxito han abandonado la rigidez de la planificación previa deliberada y estática, para abrazar la naturaleza emergente de los sistemas complejos, adoptar medidas de acuerdo con mejoras metodológicas, donde la agilidad cognitiva, la gestión de activos intangibles y las dinámicas de red sustituyen el estatismo anclado en posiciones inflexibles.
  • En segundo término, es necesario considerar el Pensamiento Sistémico y la superación de los excesivos reduccionismos. Esto significa que en el Pensamiento Estratégico se ha de tener en cuenta que todo se encuentra relacionado, conectado de una u otra forma, lo que significa superar el fragmentarismo que en cierta medida se ha implantado en las organizaciones, sobre todo en las de gran envergadura, estructuradas a lo largo de décadas de compartimentación entre secciones, casi siempre sin intercomunicación entre ellas. Por el contrario, el Pensamiento Sistémico insiste en que las empresas y organizaciones funcionan como una especie de organismo vivo, abierto, en constante intercambio con el medio en que se insertan, tal como planteaba Mintzberg. En aspectos financieros, las decisiones repercuten en el clima humano, así como en los ajustes en los procesos operativos. Plantear un enfoque sistémico implica superar las explicaciones de causa-efecto realizadas de forma excesivamente simples, sobre todo para justificar determinadas medidas en las organizaciones. Lo que a primera vista parece procedente para superar un bache u obstáculo, se puede convertir en algo tan negativo como es la pérdida de confianza, o la debilitación de lo que la organización elabora. Desde lo sistémico no se busca atajar problemas de manera simple, sino superarlos teniendo en cuenta todo el conjunto, que puede ser afectado. El Pensamiento Estratégico puede valorar y acomodar estos planteamientos en sus métodos.
  • En tercer lugar, el Pensamiento Estratégico se orienta hacia el futuro, a la vez que a la captación de señales débiles que posibiliten elementos para articular información, encaminada a definir las estructuras, medidas y acciones a llevar a cabo. El futuro que se pretende lograr configura en gran medida lo que ha de establecerse desde el Pensamiento Estratégico, mientras que las señales percibidas suponen una aportación estimable en cuanto a contar con información que permita estudiar hechos, comportamientos, novedades tecnológicas, datos relativos a conflictos y tensiones, a lo que se puede agregar un amplio espectro de aspectos derivados de los más diferentes orígenes, que es preciso valorar y tener en consideración por muy distintas motivaciones. Esto implica que las instituciones han de comportarse desde una sensibilidad hacia lo que les rodea, ya sea próximo, lejano e incluso remoto. Ohmae insistió en estos factores desde una perspectiva empresarial y organizacional, lo cual se puede trasladar a ámbitos muy heterogéneos, con similar sentido y orientaciones.
  • En cuarto lugar, es preciso contemplar la dialéctica entre el análisis y la síntesis. El primero se orienta hacia lo que cabe entender como fase u orientación de deconstrucción en el estudio de todo proceso, que puede estar definido por metodologías de explicitación de hechos, problemas, herramientas, riesgos, metas, oportunidades, etc. La realidad en procesos complejos es muy poliédrica, en tanto no suele ofrecer caras simples o de relativo fácil abordaje. El análisis tiende a diseccionar y hacer viable que todo pueda ser contemplado y valorado a través de un fraccionamiento, que reduce lo complicado hasta pequeños fragmentos o partes integrantes. Este modelo de reduccionismo posibilita contemplar cada una de las partes o componentes, lo cual lleva a realizar un estudio muy detallado. No obstante, más tarde se ha de llevar a cabo la necesaria reconciliación integradora, que permita recomponer lo que previamente se ha fragmentado para investigar detenidamente. La síntesis capta los datos dispersos, a veces aparentemente inconexos, y después del análisis y validación correspondiente, poder captar patrones ocultos o no bien percibidos. La síntesis resulta fundamental en todos los procesos de estructuración del Pensamiento Estratégico, tal como señaló Mintzberg, marcando pautas en lo que entendía como algo puramente creativo.

Desde estos cuatro pilares esenciales cabe insistir en otros que pueden estar relacionados con los mismos, si bien han de ser valorados tanto en su conjunto, como desde una perspectiva individual, como son: Percibir los contextos, Valorar las oportunidades, Transformar las estructuras, Diseñar el futuro deseado con visión ética, y Aplicar constantes elementos de mejora en los diseños

Fig.1. Fuente: Elaboración propia.

En cuanto a la Prospectiva, se cuenta con una notable y muy abundante literatura científica y técnica, acumulada a lo largo de varias décadas, con un poso muy acentuado en países como Francia, a la vez que una ejecutoria destacada en diferentes países iberoamericanos. No solo se ha afianzado como elemento de gran importancia para planificar el futuro deseable, sino que se ha ido dotando de precisas y variadas herramientas, así como de metodologías para hacer posible su aplicación.

Si se trata de pilares sobre los que cabe fundamentarla, en cuanto a su puesta en práctica, se pueden resumir en algunos que resultan de fácil percepción por todos los interesados, relacionándolos de forma autónoma, independiente, o también interconectándolos con el Pensamiento Estratégico y con otras disciplinas y áreas de conocimiento. Entre ellos es necesario destacar, resumidamente: Ideas nítidas para diseñar el futuro deseado con visión ética, Anticipación, Apropiación de contenidos adecuados, Acción desde planes estratégicos, Aprendizaje dinámico y continuo, Liderazgo para guiar y coordinar, Metodologías y herramientas para diseñar el futuro deseado, Percibir los contextos y los cambios, Aplicar constantes elementos de mejora en los diseños.

Fig.2. Fuente: Elaboración propia.

Se entiende que la Prospectiva, desde estos pilares, guarda una estrecha vinculación con el Pensamiento Estratégico, por lo que profundizar en tal relación supone concebir ambas disciplinas como un binomio de enorme potencialidad en cuanto al diseño y mejora de un contexto ético deseable.

Fig.3. Fuente: Elaboración propia.

A partir de estos elementos, es cada país, institución, empresa, grupo, …. quien debe definir los pilares que considera esenciales para establecer los objetivos, modelos, metodologías, utilización de herramientas, y cuantos elementos deban confluir en sus propios diseños.

Dichos pilares estarían por identificar y explicitar, tanto para y desde el Pensamiento Estratégico como para y desde la Prospectiva, por lo que es conveniente concebir una estructura y planificación en que, inicialmente, estos pilares se encuentren en un sentido incógnito, es decir, a falta de definirlos, categorizarlos, ordenarlos y valorar el modelo con que deben ser aplicados. En todo caso, emergen Pensamiento Estratégico y Prospectiva como un potente binomio.

Bibliografía

Drucker, Peter (1974). Management: Tasks, Responsibilities, Practices. Harper & Row, Nueva York, 839 pp.
Mintzberg, Henry (1994). The Rise and Fall of Strategic Planning. The Free Press, Nueva York, 458 pp.
Ohmae, Kenichi (1982). The Mind of the Strategist: The Art of Japanese Business. McGraw-Hill, Nueva York, 283 pp.
Porter, Michael (1980). Competitive Strategy: Techniques for Analyzing Industries and Competitors. The Free Press, Nueva York, 396 pp.
Porter, Michael (1985). Competitive Advantage: Creating and Sustaining Superior Performance. The Free Press, Nueva York, 557 pp.
Teece, David (2007). “Explicating Dynamic Capabilities: The Nature and Microfoundations of (Sustainable) Enterprise Performance”. En Strategic Management Journal, Vol. 28, Nº. 13, Chicago, pp. 1319-1350.

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Autor: José Domínguez León