Fig.1. Presunto riesgo

El cambio que nunca llega…

Por Publicado el: 18/06/2026
“Defendemos el medio ambiente y nos sentimos salvadores del mundo, pero no estamos dispuestos a dejar de consumir los privilegios que nos ofrecen los presuntos depredadores del planeta”

Fig.1. Presunto riesgo

 
Sabemos que las energías alternativas son insuficientes para atender la demanda social en la actualidad, pero mantenemos un consumo indiscriminado de la energía, y negamos el uso de las Centrales nucleares por riesgo, sin querer prestar atención al enorme número de cabezas atómicas que se desplazan diariamente por nuestros cielos, mares o están en silos enterrados, como medida preventiva para “protección” de un supuesto ataque.

  Decimos no a las petroleras, pero no prescindimos del coche para desplazarnos y en invierno, cuando hace frío, usamos a destajo la calefacción eléctrica o de gas; nos encanta usar ropas multicolores sin pensar que con ello demandamos el uso de la química para dar tonalidades; y aceptamos la iluminación atractiva de cada festival o festejo que celebramos sin plantearnos su procedencia…

  Proclamamos el no a la deforestación, pero seguimos usando muebles de madera y leña para las chimeneas. Se dice también no al consumo de la carne a un omnívoro como es el ser humano, y se potencia los alimentos transgénicos, también conocidos como alimentos genéticamente modificados a través de la ingeniería genética, que pueden presentar algunos riesgos de salud, como la soja y el maíz diseñados para resistir el glifosato, un herbicida ampliamente utilizado por la agricultura moderna y clasificado como “probable carcinógeno” para los humanos, por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (Infobae 06 Mar, 2025)

Aparentes contrasentidos sobre los que habría que reflexionar para tratar de encontrar el necesario equilibrio entre “producción”, “conservación ambiental” y “salud”, siendo conscientes de que el término medio es muy difícil de alcanzar.

Como una consecuencia natural de tales comportamientos, se genera la duda razonable sobre si el planeta está seriamente amenazado, pues  a pesar de las proclamas ardorosas de numerosos grupos de ecologistas y científicos que intentan concienciar sobre la existencia de un evidente desequilibrio inducido, “capital – consumismo- degradación ambiental global”, parece como si, de manera general, se asumiera que sí hay que prevenir la degradación ambiental, pero si el precio que hay que pagar por ello fuera excesivo o injustificado, la ciudadanía se lo tendría que pensar dos veces antes de actuar.

Tampoco podemos obviar la evidente sensación de que detrás de todo alarmismo suele estar la mano de esos otros “grupos” cuyo principal objetivo es conseguir beneficios económicos a costa de lo que sea, pues disponen de los medios de poder, comunicación y publicidad precisos para lanzar proclamas que confundan la realidad hacia su beneficio, ya que la prioridad es “su” presente y no el de las generaciones que les sucedan, aunque en ellas se contemple a sus propios descendientes, y me atrevo a poner como ejemplo esa insistencia, casi dogmática, que se pretende generar sobre el uso del coche eléctrico, cuando no están plenamente probadas y optimizadas sus capacidades técnicas, ni establecidas las redes de suministro a nivel nacional…. y se nos plantea como una solución más contra un supuesto “cambio climático”, obviando que el combustible que se usa en aviones, barcos, tanques y otros artilugios son también derivados del petróleo, pero…. China controla el 76% de la producción mundial de este tipo de vehículos y si además añadimos la sospecha del respaldo interesado de ciertos mercados internacionales y el inmenso apoyo económico preestablecido en la Agenda 2030, podríamos ir entendiendo las severas dudas que se plantean sobre la veracidad del alarmismo que se está induciendo y de ahí la ralentización del apoyo social que se precisa.

Este desequilibrio en la búsqueda real de soluciones nos lleva a recordar el despertar de aquel marxismo que ilusionó a millones de seres en el siglo pasado y a las revoluciones que, periódicamente, han ido apareciendo para hacer ver a los “poderosos” que son débiles cuando la gran “masa” se une.

Quizás estemos sufriendo ahora una nueva “revolución”, la de la inmigración de los que tiene hambre, miedo y desea mejorar, hacia los países que ellos piensan son “su” paraíso terrenal, aunque luego la realidad los convierta en mendigos dependientes del abuso e incluso de la prostitución; pero ¡cómo no dar ese paso gigantesco por su supervivencia! cuando sus países son espoliados por aquellas mismas naciones que luego les tiene que acoger….

Se dice que Europa está en crisis, parece que Estados Unidos de Norte América, también. ¿Se trata de una recesión?, terrible palabra que puede traer nuevamente hambre y destruir las ilusiones ambientalistas que sueña con energías alternativas y agricultura ecológica en un aparente “mundo desarrollado” y de ser así, podríamos entender que América del Sur esté sumida en una escala de subdesarrollo sobreviviendo como puede y con una ciudadanía desorientada que se  replantea si está yendo por una dirección equivocada y quiere reconducir su destino con grandes dificultades, porque no todos esos países disponen del petróleo de Venezuela que, aunque sea contaminante, es el “dorado” deseado por los “poderes” que quitan, cambian y entregan poco al pueblo que pasa hambre; un hambre extendida y no sólo me refiero sólo a Cuba, que promueve una incesante emigración.

Fig.2. ¿Crisis económica o de valores?

Fig.2. ¿Crisis económica o de valores?

Si cambiamos de continente, los Países Árabes también tiemblan en este momento crucial en el que la “tozudez” impera bajo la sombra del posible riesgo nuclear iraní, y sea una verdad exagerada o no, la realidad es que en todo el planeta repercute sus consecuencias haciéndonos ver lo débil que es nuestro sistema global, incapaz de conseguir el equilibrio solidario que una “Paz Mundial” precisa.

China es la que parece que sigue al alza marcando un equilibrio entre una tendencia consumista, cual burbuja que pudiera estallar en unos años, y en el mirar hacia un lado ante los conflictos bélicos de su entorno inmediato y sus deseos expansionistas, pero, mientras tanto, se les tolera los incumplimientos sobre la normativa ambientales que la vieja Europa y EE. UU. exigen a sus empresas productoras, estableciendo una competencia desleal que agrava la crisis

Y en África se mantienen los saqueos, perfectamente planificados, de las grandes multinacionales que esquilman sus riquezas enterradas en la zona más antigua del Planeta, a cambio de crear luchas tribales que mantienen dictadores al servicio del poder del dinero del primer mundo.

¿Hasta cuándo durará este desequilibrio económico que conlleva la esquilmación de la naturaleza?

¿Hasta cuándo durará ese desequilibrio social que conlleva a una emigración desesperada e incontrolada?

¿Hasta cuándo durará esa pérdida de valores que da potestad al oprobio, en detrimento del sentimiento solidario al que se supone se debe dirigir la conducta del ser humano?

¿Llegará en algún momento el necesario cambio?

Fig.3. Todo depende de usted.

Fig.3. Todo depende de usted.

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Autor: Benito A. de la Morena Carretero